viernes, 6 de septiembre de 2019

“Y llovía en la capirucha”

“Y llovía en la capirucha”
Poco a poco, la tarde iba cayendo y en la capirucha, estaba lloviendo... Era extraño, pero la gente no corría, parecía como si todos se querían mojar; el pavimento parecía un espejo, que reflejaba el llanto del cielo.

Aquella tarde no dejaba de llover y al empezar a anochecer, las calles quedaron vacías, solo el viento se paseaba por las calles y avenidas, hasta los vagabundos, parecieron emigrar al inframundo y de los lustradores, nadie deba paredero, solo un viejo chiclero, seguí con su puesto abierto, el cual cubría con nailons, para que la mercancía no se mojara.

Llovía en la capirucha y los paraguas, eran ausentes, pues parecía que todos querían mojarse o quizás embriagarse de melancolía , con esa melancolía que trae la lluvia. Llovía incesantemente, parecía como que de las calles se apoderó, un temporal.

Llovía en la capital y la catedral parecía, una doncella bañándose, sin percatarse de que todos la veían. La lluvia era fría, por momentos aguacero, por momentos solo una incesante brisa, lo cierto es que la lluvia no tiene prisa, se habrá enamorado, de la capital.
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