lunes, 26 de julio de 2021

“La casa clausurada”


 “La casa clausurada II”

A cada paso que dábamos, correspondía un quejido, un vidrio que gritaba, una cubierto que clamaba el ser usado y de objetos oxidados de metal que parecían cobrar vida. Nos abrimos paso entre alfombras de polvo, telarañas y ese temor que siente un niño, ante lo desconocido.


Dormidos, abrigados con capas de polvo se veían varios objetos, algunos regados en el suelo, otros en el mismo lugar, para que los pudiera encontrar, si un día volvía el dueño.


Ganados por la curiosidad, husmeamos el lugar, entramos a otra de las habitaciones, aquella era la más pequeña, que parecía un panteón, por el que entraba la luz, por una ventana sin ventana y gracias a ella, vimos cómo los fantasmas que crea la mente salían huyendo, cuando de repente, vimos aquella caja mágica, que con teclas en las manos correctas hace magia con las palabras y puede decir cosas, que trasciende a la misma muerte.


Aquella máquina de escribir, estaba entre libros viejos, muy probablemente fue la co autora de aquellos primeros versos e historia para las cuales no había que forzar la memoria.


Yo, no me pude resistir, pese a que el Gaspar Íleon estaba allí con su escuadrón, custodiando la caja mágica de Miguel Ángel y pese a que sabíamos que no deberíamos tocar nada, una fuerza me impulsó a teclear y escribir, sobre aquel carrillete sin hoja, lo único que se me ocurrió:  yo estuve  aquí, aunque no te vi, seguido de mi nombre, inmediatamente algo trono, al parecer el viento fuerte de la pluma de Miguel Ángel provocó que cayera una viga, en otra habitación y entonces comprendí que el seguía allí, más no como fantasma, sino como huésped eterno de la memoria.

Oxwell L’bu copyrights 2021

#Miguelangelasturias

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